Nicolas Sarkozy rompe el silencio y habla sobre Calderón, García Luna y Florence Cassez


Nicolas Sarkozy, ex presidente de Francia, rompió el silencio y por primera vez accedió a hablar del caso Florence Cassez y de las dificultades que enfrentó, tanto con Felipe Calderón como con Genaro García Luna –entonces Secretario de Seguridad Pública-, por el proceso en contra de su conciudadana, el cual calificó como una ‘infamia’.

Durante una entrevista conjunta para los semanarios L’Express (Francia) y Proceso (México), el exmandatario galo aseguró que la detención de García Luna, acusado por nexos con el narcotráfico, no le sorprende en absoluto. Sin embargo, descartó hacer comentarios sobre la caída del exfuncionario debido a una cuestión de ‘principios’.

Posteriormente, habló sobre los problemas que el caso de la ciudadana francesa, acusada de pertenecer a un grupo de secuestradores, provocó en su relación con Calderón Hinojosa, así como para la diplomacia de ambos países, cuando ambos encabezaron el Poder Ejecutivo en sus respectivas naciones.

Sarkozy comenzó diciendo que se enteró del caso gracias al diputado Thierry Lazaro, quien le pidió que se entrevistara con los padres de la joven, poco después de haber asumido el cargo. Tras la reunión, el entonces presidente se convenció de la inocencia de Cassez, por lo que tomó la determinación de ayudarlos, lo cual también consideró como ‘un deber’.

De acuerdo con su visión, una de las obligaciones del mandatario francés es defender los derechos de sus conciudadanos en el mundo, incluso si cometieron algún delito. También aseguró que este no es el único caso en el que intervino personalmente, poniendo como ejemplo los de Ingrid Betancourt (Colombia), Gilad Shalit (Israel) y Michaël Blanc (Indonesia).

Uno de los primeros indicios que lo llevaron a dudar de la culpabilidad de Cassez fue el montaje televisivo ordenado por García Luna –entonces director de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI)-, en el cual se recreó la detención de la ciudadana francesa y de Israel Vallarta para hacer creer que se trataba de una primicia, a pesar de que ambos sospechosos ya habían sido asegurados previamente.

En 2009, un año después de haber sido condenada a 96 años de prisión, su sentencia se redujo a 60 años poco antes de que Sarkozy realizara un viaje oficial a territorio mexicano. Ante la proximidad del evento, solicitó a Calderón que Cassez fuera extraditada para cumplir su sentencia en Francia, amparándose en la Convención de Estrasburgo, firmada por ambas naciones.

En un primer momento, el mandatario mexicano respondió a la solicitud de su homólogo francés abriendo las puertas a un probable traslado. Sin embargo, al llegar a México cambió de parecer y le aseguró, de mala manera, que jamás accedería a entregar a la sentenciada, debido al clima político que se vivía en aquel entonces.

Tras la comida en la que ambos presidentes se enfrentaron, los asesores del francés le recomendaron que no volviera a mencionar el tema durante la gira. Sin embargo, se negó a dar un discurso vacío en el Senado de la República e hizo alusión al tema, aunque nunca aludió de manera directa a Cassez.

Esto produjo un rompimiento en la relación personal entre ambos mandatarios. Sin embargo, la tensión escaló a nivel diplomático, debido a que se acercaban los festejos del Año de México en Francia, el cual se realizaría en 2011. Sarkozy tomó la determinación de dedicar ese año de eventos a la imputada, lo cual provocó que el gobierno mexicano se negara a participar en las celebraciones.

Las crecientes fricciones diplomáticas, junto con las críticas recibidas en ambos lados del Atlántico forzaron a Sarkozy a recurrir al papa Benedicto XVI para solucionar el asunto, debido a la religiosidad del pueblo mexicano y del propio Calderón. La estrategia del galo era que el Vaticano se posicionara de tal forma que la Iglesia de México suavizara a la opinión pública.

Finalmente, se logró la liberación de Florance Cassez el 23 de enero de 2013, después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinara que las inconsistencias en la elaboración del caso eran suficientemente graves para determinar su liberación. Sarkozy no estuvo presente en la llegada de su conciudadana al Aeropuerto Charles de Gaulle; sin embargo, se reunió para comer con ella y su familia.

Con información de Proceso.

Imagen: ESPECIAL

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